Si hay algo que creo que caracteriza a las personas que sufren o conviven con la enfermedad del alcohol es la sensación continua de vivir en una noria, unas veces abajo y otras tantas arriba. Creo que es algo inevitable, cuando la persona que tienes cerca se mantiene sobria la sensación es de estar viviendo un nuevo día, despertarte tranquilo y con más ganas que nunca de comerte el mundo. Es verdad que siempre existe esa antenita que nos hace estar en estado de alerta, pero con el paso de los días va empequeñeciéndose para pasar a creer que es algo del pasado. Pero no, parece que el pasado siempre renace y con fuerza.

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