Hoy quiero hablar de un tema que me parece muy importante y veo reflejado en la mayoría de las personas que conviven con alguien con problemas de alcoholismo, y al que creo que nunca le he dado la importancia que se merece en el blog.

Y es que es brutal la forma en que tendemos a culpabilizarnos de que, la persona que tenemos cerca con problemas en el consumo de alcohol, beba. Muchas veces sentimos que no estamos haciendo todo del modo correcto y que esa es la causa de que esa persona consuma alcohol y continue haciéndolo.

Voy a hablar por mi, pero soy consciente de que es algo muy habitual en las personas que conviven o hemos convivido con alguien que tiene problemas con el alcohol. Incluso hay quien directamente lo verbaliza cuando me escribe.

Yo muchísimas veces me sentí culpable de que mi madre bebiera, muchísimas. Supongo que esto era fruto de la codependencia que tenía hacia ella y hacía su enfermedad, buscaba hacerme culpable de una situación que no dependía ni estaba originada en mi. Si hubiera sido por mí, mi madre hubiera dejado de beber hace muchísimos años, pero no estaba en mi mano. No había nada que yo pudiera hacer para que ella dejará de beber si ella no quería hacerlo.

Mi “culpabilidad”, y seguro que también la de muchos de vosotros, también se asentaba en lo que mi madre me decía. Mi madre, cuando estaba mal, me culpaba por haber nacido. Decía que había empezado a beber a raíz de quedarse embarazada porque no quería tener hijos y tuvo que cargar con ello; o también me decía que bebía porque estaba mal por mi culpa, porque ella y su pareja tenían muchas deudas y yo no quería darles mi sueldo por completo para ir pagándolas.

Por supuesto esto no era así.

¿Soy yo la culpable?

Mi madre no empezó a beber por tener hijos, mi madre ya bebía de antes. Ni era mi culpa la situación económica que tenían. Yo intentaba ayudar en todo lo que podía, además pagaba un dinero al mes en casa e iba hacer compra, pero no podía hacer más porque no era mi responsabilidad. Quien me conoce sabe que en otras circunstancias, o sin ellas también, lo habría dado todo, pero en las que eran no.

Cuando leía mis viejos diarios, hablo en pasado porque ahora mismo soy incapaz de abrirlos, me asombraba leer a una mini Aitana reflexionando acerca de lo que había hecho mal para que su madre volviera a beber. Recuerdo que daba muchas vueltas al hecho de que yo no quería ni me gustaba que bebiera, pero no sabía que hacer para que no lo hiciera. Incluso en cartas que dirigía a mi madre, le pedía perdón por portarme mal, por enfadarla, por suspender…, porque creía que si yo le daba quebraderos de cabeza ella bebería. En verdad daba igual si se los daba o no, para que ella siguiera bebiendo.

Releyendo lo que llevo escrito de esta entrada hasta ahora, puede dar la impresión de que llevo años teniendo claro que no era mi responsabilidad el hecho de que mi madre bebiera o todos los actos que derivaban de ello, pero para nada… Si que es cierto que la psicóloga me ayudó mucho a tener algo de seguridad en mí y a no culpabilizarme tanto de la situación que había en casa, pero aún así creo que incluso a día de hoy, sigo viendo normal situaciones que desde fuera no se justifican.

Sé que da un poco igual que lo diga porque al final si lo sentimos es muy difícil trabajar el dejar de hacerlo, pero si estáis pasando por alguna situación parecida intentad no fustigaros a vosotros mismos y tened claro, aunque sea muy difícil de comprender y asimilar, que si la persona alcohólica no quiere ni se esfuerza en dejar de beber, nosotros no podemos hacer nada. Podemos tenderle la mano y dejar claro que estamos ahí, pero no somos ellos.

Nota: Buscando una foto que poner en esta entrada, me he dado cuenta de que hace algunos años hable de este mismo tema en el blog. Dejo aquí enlazadas las dos entradas por si a alguien le interesa leerlas.

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