Esta entrada es muy especial porque es la historia de Alicia. Alicia es hija de un padre alcohólico no rehabilitado, y se ha animado a visibilizar su experiencia para ayudar a quien esté en la misma situación. (¡Muchísimas gracias Alicia! ❤️).

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Hola a todos,

Me llamo Alicia y, al igual que Aitana, soy hija de una persona alcohólica, aunque en mi caso es mi padre. Quiero contaros mi historia para que si alguien está pasando por algo así sepa que no está solo, que somos muchos los hijos que sufrimos las consecuencias de un padre alcohólico.

El alcohol siempre ha estado presente en mi vida. Mis padres tenían un bar, por lo que ya os podéis imaginar lo fácil, visible y accesible que lo tenía. Los dos trabajaban allí y vivíamos justo encima, por lo que toda nuestra vida familiar se desarrollaba en esas cuatro paredes.

Cuando era pequeña no me daba cuenta y, gracias a Dios, tengo un recuerdo maravilloso de mi infancia, pero conforme fui creciendo sí que fui consciente del problema que tenía mi padre con el alcohol. Cuando tenía 17 años falleció mi abuelo paterno y con él se fue toda la tranquilidad familiar. Siempre veía a mi padre beber, pero no me parecía raro ni me llamaba la atención; todos en el bar lo hacían, pero la pérdida de mi abuelo lo cambió todo.

La casa donde vivíamos era de mi abuelo, así que, al fallecer él, pasó a ser de mi padre y de su hermano. Mi tío quiso venderle su parte a mi padre para que siguiéramos viviendo allí, pero mi padre no quería pagarle nada. Decía que era su casa y que de ahí no le iban a mover. La relación entre mi padre y su hermano pasó de muy buena a muy mala, por lo que dejamos de verlos y de tener relación.

También aumentaron las discusiones en casa, que siempre había habido, pero nunca tan fuertes. Cualquier cosa que pasara era motivo para que mi padre se pusiera a gritar a mi madre; la insultaba y la infravaloraba continuamente. Mi madre siempre me mandaba a mi cuarto cuando empezaba la discusión. En ese momento no lo sabía, pero con el paso del tiempo supe que lo hacía para sacarme del ángulo de visión de mi padre y que no fuera a por mí.

Antes dije que no me llamaba la atención que mi padre bebiera, pero a raíz de la muerte de mi abuelo sí que lo empezó a hacer. Me di cuenta de que mi padre estaba bebiendo durante todo el día; empezaba con la cerveza, para comer vino y por la tarde le daba al whisky. Algunas veces hablaba y apenas se le entendía; también había días que ni se mantenía en pie. Aunque yo ya estaba viendo que bebía demasiado, todas mis sospechas se confirmaron cuando un día escuché a mi madre pedirle que por favor dejara de beber.

Con el tiempo la situación cada vez fue a peor, incluso llegando a las manos. Cuando yo me fui a estudiar a otra comunidad, mi madre aprovechó para irse a vivir con una amiga. Mi padre me llamaba insultándome a mí y a mi madre, diciéndome que le habíamos abandonado. Le pedí muchas veces que por favor dejara de beber, que volveríamos a su lado, pero mi padre nunca lo intentó. Nunca había tenido con él una relación muy estrecha, pero en ese momento le odiaba y odiaba la persona en que se había convertido; no quería saber nada de él. Cuando mi madre por fin consiguió el divorcio, mi padre dejó de llamarme y no volví a saber nada de él.

Durante todos estos años hemos sabido algo de él por mi tía, que todavía vive en el pueblo y habla con mi madre de vez en cuando, pero directamente de él no había sabido nada hasta hace poco que me llamó para darme la enhorabuena por mi embarazo. Cogí el teléfono porque no sabía que era él; si lo hubiera sabido, no lo hubiera cogido porque fue escuchar “enhorabuena, hija” y me puse enferma. Mi padre no ha cambiado, sigue bebiendo y con todos los problemas a su alrededor, y yo no quiero eso ni para mí ni para mi pequeño. Prefiero que mi hijo no conozca a su abuelo a que le conozca así. Mis suegros me dicen que soy muy dura, que debería darle una oportunidad, pero me parece injusto que me lo digan cuando no han vivido esa situación y no han visto lo mal que mi padre trataba a mi madre ni todas las discusiones que había en casa. Creo que la gente que no ha vivido esta situación no es capaz de entenderla y le resta la importancia que tiene, pero los que hemos estado ahí sí que lo sabemos.

Estoy intranquila desde que mi padre me llamó. Han vuelto los malos recuerdos y a veces también la culpabilidad, por eso empecé a buscar información y me encontré con el podcast de Aitana. Sé que hago bien, pero no puedo evitar sentir que es mi padre. Cuando dejé de saber de él me sentía igual, pero le odiaba y era más fácil; ahora sé que hago bien, pero me siento mal por hacerlo. Aitana hablaba en un podcast de que normalizamos la situación, y yo creo que eso y el tiempo que ha pasado es por lo que me siento así. Me he dado un tiempo de tregua para ver si esto se me pasa; si no, buscaré una psicóloga.

Por último, solo quiero decir que aunque ahora me sienta así, sé que hago bien. Soy responsable de mí y de mi vida, pero no puedo serlo de la de mi padre. Y alejarse cuesta, pero quedarse ahí cuesta más.

Gracias, Aitana, por darme la oportunidad de contar mi historia. Espero que pueda ayudar a quien esté en la misma situación.

Un saludo a todos.

4 comentarios en La historia de Alicia: hija de un padre alcohólico

  1. Me ha parecido muy valiente por tu parte escribir sobre tu historia, creo es lo mejor que puedes hacer para desahogarte y confirmar que estás haciendo lo correcto. Mi enhorabuena por tu relato y espero que si vuelves a ver a tu padre sea porque ha buscado solución a su problema.

  2. Es una pena que no conozcas alanon…grupos de apoyo para familiares de alcoolicos no cuesta nada y mucha gente nos hemos recuperado de la ENFERMEDAD del alcolismo

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