Nunca he sido una persona de tener muchísimos amigos, la verdad es que soy algo tímida y desde siempre me ha costado un poco profundizar en las relaciones. Además cuando era pequeña no sabía gestionar los problemas que había en casa, y eso hacía que me cerrara bastante en mí y no supiera, ni me parara, a alimentar amistades.

Creo que es común que conforme vas creciendo tu círculo se hace más pequeño pero más duradero. Al final poco a poco vas sabiendo quien eres, y a quien quieres cerca de ti. Hasta que ocurre algo malo…

Siempre se dice que cuando estas mal es cuando de verdad te das cuenta de las personas que tienes cerca y con las que puedes contar. Y aunque aún me cuesta asumirlo, creo que esta reflexión no puede ser más acertada.

Desde que falleció mamá, además de su baja en mi vida, ha habido otras importantes por las que antes habría puesto la mano en el fuego pensando que iban a estar ahí (si, llamadme tonta, me habría quemado). Creo que he tenido un poco de todo, desde el amigo que coge y desaparece como si la tierra le hubiera tragado, o los que ahora se acuerdan de mi sólo cuando subo algo a las redes sociales o es mi cumpleaños, también están los que me piden perdón por no haber estado y nunca más vuelven a aparecer, o los amigos que más cerca tenía que de la noche a la mañana parecen no conocerme, ni tener confianza conmigo, ni querer pararse a explicarme nada… Es verdad que dentro de esta lista había distintos grados pero aún así pensaba que la mayoría seguirían aquí.

Sé que durante este tiempo, quizá todavía aún me cueste, no he sido la persona más amigable del mundo. Mi estado anímico es una montaña rusa (con suerte cada vez menos) y me cuesta mucho mantenerme estable sin volar a mi mundo y perderme en él. Además soy una persona a la que desde siempre le cuesta pedir ayuda, y mucho más si no estoy bien.

 

Rompo una lanza a mi favor ya que también creo que hay situaciones y momentos en los que no hace falta decir que estas mal para que sea algo evidente. Pero claro la persona de enfrente tiene que querer y buscar estar ahí.

El haber perdido a varios “amigos” en este tiempo me ha llevado a pararme a pensar, en más de una ocasión, si yo también habré actuado así con alguien que esperaba que estuviera en un mal momento, o si he estado ahí pero ha sido de forma egoísta y no me he comportado como se esperaba en esa situación. Ahora mismo no me viene a la cabeza ninguna persona con la que me haya ocurrido esto pero probablemente si, probablemente yo haya hecho lo mismo en algún momento de mi vida.

No sé si fruto de esta experiencia o de mi naturaleza pesimista, pero esto me esta llevando a pensar que cada vez somos más egoístas y nuestras relaciones cada vez son más superficiales. Mantener una relación con una persona que se encuentra en un mal momento es difícil, te obliga a llevar muchas veces el carro y a tirar mucho más de lo que lo harías en una situación normal o estable. Pero si se supone que es una persona a la que quieres, a la que aprecias, con la que has compartido muchos momentos, la que visualizas en tu futuro…¿no debería ser al revés?, ¿no deberíamos esforzarnos por mantener esa relación aunque sea un momento complicado?

En fin… sé que esta reflexión puede dar lugar a mucho debate pero necesita compartirlo por aquí. La verdad es que ha habido bajas importantes, o al menos eso es lo que yo vivía y pensaba, así que esta ostia contra el suelo también ha sido, y por desgracia todavía es, algo dura. Pero como he escuchado mucho últimamente, no debe importar quien se va, sino quien se queda.

3 Comments on Del todo al nada…

  1. Creo, que cuanto más mayor te haces, las relaciones son más superficiales.
    No tiene nada que ver con lo que viviste, simplemente a todos la vida nos va exigiendo más y tenemos menos tiempo para los demás.

    • Mmmm… estoy de acuerdo en que conforme vamos creciendo la vida nos va exigiendo más y no podemos dedicar tanto tiempo a los demás, al menos fuera del círculo familiar.
      Pero también creo que estamos en un momento en que si no sabes algo de alguien es porque no quieres hacerlo. Por ejemplo, raro es quién a día de hoy no tiene Whatsapp. ¿Cuántas veces al día entramos en esa aplicación? Si queremos saber de alguien y preocuparnos por cómo está, yo lo veo tan simple y rápido como poner un “hola, ¿qué tal?”.

  2. Terrible pensar si uno es de esas personas que falló. Es difícil valorar siquiera si estabas en aquella categoría de “amigos” de los que se esperaba algo de ellos o por el contrario de los que no sabes porque no quieres hacerlo.
    Supongo que el hecho de pensarlo, en parte ya me hace de alguna forma algo culpable.
    Seguiré tu consejo, probaré eso de “hola, ¿qué tal?”

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