Ayer fue la última salida de este curso con los niños con los que hago voluntariado, y nada mejor para decirnos adiós que pasar el día entero con ellos en el zoo 🙂

Fue un día maravilloso y muy gratificante, bueno la verdad es que siempre lo es. No sabéis lo que se siente al ver a veinte pequeñines (y no tan pequeñines) disfrutar como niños de verdad viendo a todos los animalitos y pasando un día fuera de la rutina de los centros, las visitas, las reuniones con los psicólogos y trabajadores sociales, y un largo etcétera que compone el día a día de estos niños.

Cabras en el zoo

Cuando, allá por el 2009, decidí comenzar el voluntariado no sabía en donde me estaba metiendo. Al principio pasé una época rara en que salía de estar con ellos con una sensación algo amarga que me impedía poder disfrutar al cien por cien de cada tarde con ellos, sobre todo cuando preguntaban con tristeza si ya era hora de volver a la resi. Con el paso del tiempo he ido dejando ese sentimiento aparcado y he pasado a disfrutar como una enana más de cada ratito con ellos.

Ellos aprenderán algo de mí pero lo que sí que tengo claro es que yo aprendo muchísimo de ellos.  No me gusta mucho esta forma de decirlo, pero la mayoría son casi adultos en un cuerpo pequeño, las circunstancias les hacen crecer de manera brutal y alguna vez dicen cosas que hacen que se me pongan los pelos de gallina.

Niños mirando los osos en el zoo

Sé que muchos tenían y tienen en casa situaciones similares a las que he tenido y tengo yo, pero yo he sido una privilegiada. Pese a las circunstancias nunca me ha faltado de nada, al menos materialmente hablando, y siempre, aunque alguna vez no lo viera así, he tenido una familia, bueno todos ellos también las tienen pero no pueden estar con ellas. Mi objetivo al empezar el voluntariado era ayudar a que esos niños se olvidaran por una tarde de todo lo que les rodea y se dedicasen solo a sonreír y a disfrutar. El objetivo sigue siendo el mismo pero ahora sé que yo también disfruto y sonrio aunque me llamen Casper, aunque se tiren encima mía, o aunque no paren de cantarme canciones de reggaeton 😀

Al principio de la entrada he cometido un error garrafal, y es que no es un adiós, es un ¡hasta pronto!

 

Oso en el zoo

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