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Sábado de voluntariado en el Parque Europa

Quería haber publicado esta entrada durante la semana pero entre una cosa y la otra no he tenido ni mucho tiempo ni muchas ganas de escribir. Dicen que lo bueno se hace esperar así que aquí esta :p.

El sábado pasado volvimos a tener voluntariado. La idea inicial era llevar a los niños a un parque de tirolinas en que ya hemos estado alguna vez y les encanta, pero al final el plan cambio y sin duda alguna fue para mejor 🙂
Junto con los chavales más grandes y los educadores del centro de acogida pusimos rumbo a Torrejón de Ardoz el sábado a primera hora de la mañana, más concretamente al Parque Europa. Fue un viaje tranquilo. Como suele pasar siempre que se viaja en autobús los más pequeños iban sentados delante con los educadores cantando canciones y jugando a juegos; los tranquilitos o los que van un poquito a su bola, se sentaron solos en la parte de en medio; y los mas mayores y/o mas gamberros, iban sentados en la parte del fondo hablando de películas, escuchando música, quejándose por que no les gustaba el plan, haciéndose mil y una foto…etc. Después de esto ya os podéis imaginar donde iba yo sentada ¿verdad?. ¡Bingo! La verdad es que lo disfrute, echaba mucho de menos a alguno de ellos y me reí un montón con alguna de las conversaciones que tenían tde adolescentes con las hormonas algo alteradas.

Llegamos, comprobamos que nadie se olvidará nada en el autocar y ¡al lio!. Durante todo el día nos hizo un tiempo increíble. Los niños (y los no tan niños) se tiraron cuesta abajo rodando en la hierba, jugaron en un parque de toboganes, algunos montaron en mini carts, otros en un tren, otros en mini tiovivos, los más mayores se lanzaron por una tirolina, y mientras  los demás disfrutabamos de las barcas del lago.

Todos nos lo pasamos muy bien y, exceptuando algún pequeño incidente, los niños se portaron de lujo.

Me encanto saber que a una de las niñas dejaremos de verla dentro de poquito por que ya tiene familia de acogida asignada, espero que todo le vaya muy muy bien :). Y también me encanto saber, gracias a su hermana, que una de las niñas que sacabamos el año pasado y ya esta con una familia de acogida, se acuerda de mi. Se me pusieron los pelos de punta cuando me entere. Es increíble la sensación de saber que puedes marcar, aunque sea muy poquito, en alguno de estos niños.

Para quien no conozca el parque aquí os dejo unas fotos para animaros a que lo visiteis.

Lago del Parque Europa
Lago
Puerta de Alcalá del Parque Europa
Puerta de Alcalá del Parque Europa
Torre Eiffel del Parque Europa
Torre Eiffel del Parque Europa
Yo en la tirolina
Yo en la tirolina
Niños caminando
Niños caminando

“Alcohólico se nace y se muere”

Hace unas semanas Diario Información publicó una noticia ubicada en la provincia de Alicante ya que en ella es donde se encuentran los tres albergues de Alcohólicos Anónimos 24 horas del levante español. Os aseguro que los testimonios recogidos en la noticia no tienen desperdicio alguno y que gente como yo, que viva de cerca la enfermedad, va a sentirse muy identificado con todo lo que dicen.

Por cierto, muchísimas gracias a las personas que respondieron a mi solicitud de patines para los niños de la asociación 🙂 En menos de una semana, y sólo pidiéndolos por aquí, ya he conseguido varios pares 🙂 ¡Millones de gracias!

Y ahora, aquí dejo la noticia:

Lo que ellos pueden aportar no son ni datos ni rigores científicos. Son experiencias. Esperanza T. nació en una familia acomodada, comenzó a beber con 12 años y celebró los 48 hace poco en el grupo 24 horas de Alcohólicos Anónimos de Elche, después de perder el cariño de sus padres y hermanos, a sus hijos y todo lo que tenía, sus buenos trabajos, su dinero y sus ganas de vivir.

Se vio en la calle a las dos de la madrugada: «Llegué destrozada, no me conocían de nada y me hicieron una junta en la que yo pensaba que no me importaba lo que me contaran los demás, pero ahora vivo gracias a este grupo, por su motivación y su guía, porque he visto a compañeras que han salido y quiero ser como ellas». En su cara asoma una sonrisa, a pesar de que confiesa haber hecho cosas gravísimas y que «el alcoholismo es un sufrimiento muy grande, es una enfermedad cruel; yo he estado ingresada en psiquiátricos y salía de ellos con más ganas de beber».

¿Qué ha cambiado ahora para que empiece a hacer honor a su nombre de pila? «Que los compañeros te hacen ver que esto es una enfermedad, que si me tomo una copa no puedo parar, y los psicólogos, los psiquiatras y las pastillas no me servían. Para mi familia soy una vergüenza porque no lo entienden, he puesto el alcohol por encima de mis hijos, de mi estatus social, de mi trabajo… Todo lo podía comprar y acabé en Cáritas, ¿por qué? No lo sé, pero voy a cumplir dos meses y aunque tengo ganas de irme al bar de enfrente sé que esa primera copa me lleva a la muerte».

A Francisca N. le pasa algo parecido. Procedente de Madrid, acabó en la sede de Elche porque la trajo su hermana en coche y la dejó en la puerta hace cuatro meses, los mismos que lleva sin beber. «Mi terapia y mi medicina son mis compañeros. Yo tenía pareja, familia, me han tratado profesionales especializados en alcoholismo, he tomado pastillas… Y llegué sin ganas de vivir, destrozada, sin ilusión. Bebía sola en una habitación y solo salía a comprar más alcohol. Te dices que es la última vez, pero te levantas tan mal que no puedes». Las mujeres, dicen, beben más a solas en casa, escondiendo la botella, sin bajar al bar. Pero eso no significa que no tengan el mismo problema que los hombres.

Disimular

«Ya no tenía ganas de comer, pero comía para disimular que estaba bebiendo», dice Francisca, «¿a quien le cuento eso esperando que me entienda si no es a ellos?». Ni su pareja, ni sus amigas, ni sus familiares beben, no hay nada social en su forma de enfrentarse al alcohol.
Las dos hablan de que no les faltaba de nada, pero había algo, un vacío, que al principio se llenaba con la bebida y que después ya no.

Ramiro M. lleva nueve años sin beber. Lo tiene claro: «Los médicos no me decían que tengo una enfermedad y lo dice la Organización Mundial de la Salud; es una enfermedad incurable, progresiva y mortal». Él no perdió a su familia ni su casa, aunque lo habitual es que la gente que llega a Alcohólicos Anónimos 24 horas se haya quedado sin nada. Por eso lo más importante que tienen son unas camas, una cocina y un salón donde les permiten quedarse el tiempo que sea necesario. Con una condición. No beber. No crean que es fácil.

Todo es gratuito, 24 horas al día, todos los días del año. No hay profesionales, solo «alcohólicos en rehabilitación». No aceptan donativos, porque reconocen que es demasiada tentación tener dinero, dicen. Cada miembro aporta lo que puede, y los que se alojan allí se encargan de que el local que compraron con hipoteca esté en condiciones. Hacen turnos de al menos dos personas cada seis horas para atender cualquier llamada o visita y mantener la sala de juntas siempre funcionando. A excepción de la hora de la comida, siempre hay alguien tras el atril contando su testimonio y alguien escuchando.

Un requisito

Lo importante de tener 24 horas abierto estriba en que cualquiera, cuando tenga la necesidad, encuentre el apoyo: «El único requisito es querer dejar de beber, da igual la hora del día que sea, siempre que vengas hay una junta», animan. Normalmente el que aparece por allí lo hace en una situación límite, no suele ser sobrio. Muy habitual es la visita de familiares desesperados.

En los tres grupos se atiende a cinco o seis personas a la semana, aunque Rubén, del grupo Comunidad Valenciana, dice que con el buen tiempo llega menos gente. «Yo tengo una enfermedad que hace que si me tomo una primera copa algo se vuelva en el cerebro que me hace tomar otra. Entre nosotros nos entendemos, nos sentimos reflejados, y nos damos cuenta de que hay gente con los mismos sufrimientos.

Yo he estado en clínicas que costaban 9.000 euros al mes y no funcionó, he tomado pastillas a punta pala y ahora llevo cuatro años, todo entre nosotros. A mí nadie me dijo que lo que tenía era una enfermedad y cuando lo he sabido lo he entendido».
Son vivencias únicas que no tienen por qué coincidir con el enfoque que la medicina le da al asunto ni con las de otros alcohólicos. Es la angustia contada desde dentro, en primera persona.

Fuente

¡Vuelven los sábados de niños!

El sábado reanudamos el voluntariado  (¡por fin!)
Tenía muchísimas ganas de ver a los mini mostruitos, saber si había alguno nuevo, quien seguía, quien no… etc. Hay días en que te sacan de quicio pero luego si estas un tiempo sin verlos les echas de menos.
Ellos también nos echaban de menos, solo había que mirarles la carita al vernos aparecer por allí.

Un vistazo rápido…, besos…,abrazos…. ¡y al lío! Me dio algo de pena saber que dos de las niñas que venían el año pasado (mis niñas) ya no vendrán con nosotros este año, han pasado al grupo de “los mayores” así que ahora pasan la tarde con el educador social 🙁

Tras la organización de los niños en los coches pusimos rumbo al plan de la tarde: ¡Tarde de patines!. Estaban encantados. La verdad es que este plan les gusta mucho, a los más peques les llevamos al parque mientras que los más mayores (incluidos los voluntarios) nos ponemos los patines y a patinar.

Algunos ya saben patinar o al menos mantenerse en pie, otros ni eso, así que nos ponemos con los más novatillos a intentar enseñarles al menos a mantener el equilibrio. Tendríais que haber visto a uno de los niños que no había patinado en su vida,el pobre no avanzaba un metro sin caer al suelo, pero el chaval no se daba por vencido, se caía y tal cual volvía a levantarse, y así sucesivamente. Al final logro mantener el equilibrio sobre los patines, estaba muy contento. Además uno de los voluntarios le enseño a atarse los cordones, así que volvió al hogar habiendo aprendido a patinar y a atarse los cordones de las zapatillas. 🙂

La tarde fue bastante bien. Sobre las siete o así merendamos hamburguesas del McDonald con patatas fritas, si ya estaban contentos con el plan imaginaos al ver la bolsa del McDonald.

A las ocho decidimos empezar a recoger, empezaba a hacer un poco de frío y había que devolverlos al hogar.

La verdad es que el inicio del curso se dio bastante bien. Es una pena que este año solo vayamos a tener una salida al mes, cada vez somos menos voluntarios, menos coches… En fin… mejor no comento nada más sobre el tema…

Lo que si que quería comentar, antes de cerrar esta entrada, es que si alguien tiene por casa, o conoce a alguien que tenga por casa patines que se hayan quedado pequeños o ya no se usen (da igual si son de estos ajustables, de línea o de ruedas paralelas), comentadmelo. Los que tenemos para los niños ya están un poco viejos y alguno incluso tiene el cierre o alguna pieza rota :s. Los peques lo agradecerán y nosotros más 🙂

¡Tarde en el zoo!

Oso en el zoo

Ayer fue la última salida de este curso con los niños con los que hago voluntariado, y nada mejor para decirnos adiós que pasar el día entero con ellos en el zoo 🙂

Fue un día maravilloso y muy gratificante, bueno la verdad es que siempre lo es. No sabéis lo que se siente al ver a veinte pequeñines (y no tan pequeñines) disfrutar como niños de verdad viendo a todos los animalitos y pasando un día fuera de la rutina de los centros, las visitas, las reuniones con los psicólogos y trabajadores sociales, y un largo etcétera que compone el día a día de estos niños.

Cabras en el zoo

Cuando, allá por el 2009, decidí comenzar el voluntariado no sabía en donde me estaba metiendo. Al principio pasé una época rara en que salía de estar con ellos con una sensación algo amarga que me impedía poder disfrutar al cien por cien de cada tarde con ellos, sobre todo cuando preguntaban con tristeza si ya era hora de volver a la resi. Con el paso del tiempo he ido dejando ese sentimiento aparcado y he pasado a disfrutar como una enana más de cada ratito con ellos.

Ellos aprenderán algo de mí pero lo que sí que tengo claro es que yo aprendo muchísimo de ellos.  No me gusta mucho esta forma de decirlo, pero la mayoría son casi adultos en un cuerpo pequeño, las circunstancias les hacen crecer de manera brutal y alguna vez dicen cosas que hacen que se me pongan los pelos de gallina.

Niños mirando los osos en el zoo

Sé que muchos tenían y tienen en casa situaciones similares a las que he tenido y tengo yo, pero yo he sido una privilegiada. Pese a las circunstancias nunca me ha faltado de nada, al menos materialmente hablando, y siempre, aunque alguna vez no lo viera así, he tenido una familia, bueno todos ellos también las tienen pero no pueden estar con ellas. Mi objetivo al empezar el voluntariado era ayudar a que esos niños se olvidaran por una tarde de todo lo que les rodea y se dedicasen solo a sonreír y a disfrutar. El objetivo sigue siendo el mismo pero ahora sé que yo también disfruto y sonrio aunque me llamen Casper, aunque se tiren encima mía, o aunque no paren de cantarme canciones de reggaeton 😀

Al principio de la entrada he cometido un error garrafal, y es que no es un adiós, es un ¡hasta pronto!

 

Oso en el zoo

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