Etiqueta: diario de una dependienta

De hospitales y demás cosas varias…

Últimamente paso poquito por aquí. No, aún no me he cansado del blog pero la mayoría de días llego a casa tan cansada que sólo me apetece meterme en la cama para estar descansada al día siguiente. La carga de trabajo es mayor y algunos días el ritmo es frenético así que mi cabeza y mi mente necesitan desconectar. Bueno mi forma de desconectar no está siendo la que seguramente todos penséis de llegar a casa y tirarte a leer o a ver una película, mi forma de desconectar está siendo llegar a casa y ponerme a estudiar. Hace un mes me apunte a otro curso que empezaba el  1 de diciembre. Sí, cada día tengo más claro que soy algo masoca, a las puertas de empezar el mes con mayor carga de trabajo no sé me ocurre otra cosa que apuntarme a un curso de lengua de signos… Pero estoy contenta, llevaba tiempo detrás de ello y la verdad es que  lo he cogido con ganas e ilusión. Como os estaréis imaginando el curso es online, presencial no podría a no ser que los días tuvieran 25 horas, y aunque tengo los tiempos marcados es verdad sigo mi ritmo, hay días en que me paso dos horas con ello y otros que solo le dedico media.

¿Qué más? Ah! Vamos con la parte un poco fea de todo lo que quiero contar en esta entrada. Mi madre volvió al hospital. No, por suerte esta vez no ha habido ingreso, fueron solo unas horas. Debido a la cirrosis su organismo retiene bastante líquido y eso la hace hincharse como un globo (no me preguntéis exactamente por que por qué no tengo ni idea). Su último ingreso fue debido a esto, estaba muy hinchada y con un color amarillento en la cara que la hizo estar una semana en el hospital, por suerte esta vez ha sido diferente. Lleva un par de semanas sin beber y ese día por fin parece que entro algo en razón y accedió a ir al hospital, la deshincharon y la mandaron para casa horas después. No la dejaron ingresada, el médico ya la dijo que sólo ocuparía una cama, lo demás depende de ella.  No os imagináis lo tranquila que respire cuando supe que la mandaban para casa. Antes hubiera pensado que por decir lo que voy a decir era algo egoísta pero después de todo creo que es normal que lo piense y lo diga, me alegro de que la mandaran a casa porque con este ritmo lo que menos necesitaba mi cuerpo y mi mente era que mi madre estuviera en el hospital, así que nada… Siempre que pasa por allí pienso que será la última vez pero ya soy bastante mayorcita para ser consciente de que seguramente esto no sea así, ahora está bien, sobria y pasando el mono pero seguramente esto dure poco, ojalá y me equivoque pero la experiencia me dice que tengo razón pero ya veremos…

Pese a todo estoy bastante contenta. Cada día me doy más cuenta de lo mucho que he aprendido y estoy aprendiendo, sin sonar egocéntrica cada día me quiero un poquito más. Sé que es algo que siempre me ha faltado y ver que poco a poco lo voy consiguiendo me hace sentirme tranquila, me siento mejor conmigo misma y me doy cuenta, y creo que la gente que me rodea también, de que sonrió más y me tomo las cosas con más humor, intentando no darle importancia a las cosas que de verdad se que no la tiene.  Como ya escribí un día en el facebook: “Cada día estoy más segura de que la vida nos iría mucho mejor si nos la tomasemos menos en serio”.

Y después de este rollo de filosofía positiva a dormir, que mañana me espera un día algo duro. 🙂

Diario de una dependienta: Prólogo

Como ya contaba en mi presentación soy trabajadora social y mediadora, pero la situación actual en donde cada vez hay mayores recortes en lo social hace algo difícil que pueda ejercer para lo que realmente me gusta y tengo vocación. Con deciros que en casi dos años no he tenido la oportunidad de hacer ni una entrevista creo que lo digo todo. A pesar de que las cosas están difíciles en todas partes, hace un año y pico comencé a trabajar de dependienta en una tienda dedicada a la venta de té, café y artículos relacionados con el tema. No es el trabajo de mi vida pero la verdad es que no me puedo quejar. La tienda es pequeñita, acogedora, y esta ubicada en una calle conocida del centro de Madrid.
Hasta entonces no había trabajado nunca de dependienta, si de trabajadora social y de mediadora los meses que duraron mis prácticas, de niñera, de profesora particular y hasta he hecho mis pinitos en el mundo de la hostelería trabajando en un bar durante los meses de verano pero nunca antes me había puesto detrás de un mostrador.
Como ya he dicho la tienda no es muy grande por lo que allí solo trabajamos dos personas (se podría decir que tres, o en los últimos meses incluso que cuatro 🙂 ) pero en el día a día somos dos, mi jefe (de ahora en adelante me voy a referir a él como Jefe) y yo.
Los que trabajen de cara al publico ya sabrán de que hablo, para los que no creerme que es todo un reto. Te obliga a no tener días malos o al menos aparentar que no los tienes, a sonreír y ser amable ante casi todo tipo de situaciones,y a tener mucha pero que mucha paciencia. Pero como todo también tiene sus buenos momentos, algunos incluso algo surrealistas y que te hacen acabar escribiendo en tu blog sobre ellos.

Clientes que te cuentan lo bien que les funciona el intestino (dicho de manera fina), clientas que tras indagar si tienes o no pareja quieren que anote el teléfono de su nieto para que no se me pase el arroz, clientes pesados no sino lo siguiente que te dan magdalenas para merendar, o por ejemplo clientes que le piden a Jefe que me de vacaciones por que sufre al verme tan blanquita. Contado de manera resumida no parecen tener tanta gracia pero creerme que alguna de estas cosas nos han amenizado más de un día de trabajo.

Con esta entrada dejo inaugurada la nueva etiqueta “Diario de una dependienta”. Por que aparte de ser hija de una persona alcohólica también soy una chica normal de veintitantos años.

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