Este es un pequeñito fragmento de uno de los diarios que escribía cuando era pequeña.  La verdad es que escribir siempre me ha ayudado a desahogarme pero es una sensación algo agridulce el momento en que decido abrir el baúl de los recuerdos y pararme a releerlos. Sobrevivieron al incendio tres cuadernos y la verdad es que los guardo con cariño, pero es inevitable abrirlos y no acordarme de tantas cosas que me gustaría poder olvidar, aún así soy incapaz de deshacerme de ellos, es mi pasado y mi historia y creo que no pasa nada porque este escrita cuando va a estar siempre en mi cabeza.

Volviendo a mirar por encima alguna de las cosas que escribía me resulta algo curioso la cantidad de veces en que menciono a la mala suerte, recuerdo que era una sensación muy típica en mí en esos tiempos. Antes creía en la mala suerte y tenía la sensación de que con ella me estaba tocando la lotería. Creo que todo esto, aparte de debido a la edad, también se originaba al no saber nada de la enfermedad, me limitaba a pensar en que había algo que me tenía manía y no paraba de ponerme las cosas difíciles.

La verdad es que a día de hoy no creo ni en la buena ni en la mala suerte, creo que la “buena suerte” es algo que debemos buscarnos y hacer que ocurra. Es verdad que quizá la vida no nos ponga siempre las cosas en bandeja pero no hay que pensar que nos ocurren cosas malas debido a que tenemos mala suerte, creo que el creer así nos hace no hacer nada y darnos por vencidos desde el primer momento. Las cosas ocurren por que ocurren y cueste lo que cueste hay que enfrentarse a ellas, o al menos intentarlo.

 

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