“Cuando estoy feliz bebo,cuando estoy triste bebo…”

Hoy estaba leyendo el periódico cuando me he encontrado con estas palabras: “Cuando estoy feliz bebo, cuando estoy triste bebo, cuando hay sol, cuando llueve. No bebo solo cuando debo quitarme la borrachera”. Con estas palabras Psy, el cantante coreano creador del famoso “Gangnam Style”, ha confesado su adicción al alcohol.

Cuanto más leo sus palabras mejor forma me parecen de describir esta enfermedad. En el alcoholismo llega un momento en que da igual que las cosas vayan bien o vayan mal, que la persona este nerviosa o tranquila, que se tenga algún problema o no se tenga, al final el cuerpo siempre acaba pidiendo lo mismo: alcohol.

Últimamente estas noticias son bastante frecuentes y a mi no deja de sorprenderme que en todas ellas se haga mención a una infancia dura o a unos padres que quizá no deberían haberlo sido. Cuando pienso en esto es inevitable que se me ponga la piel de gallina pensando que en algún momento mi cuerpo necesite del alcohol para seguir, también pienso en todos los niños de la asociación y no paro de preguntarme si las personas que han tenido una infancia complicada o los que tenemos familiares inmersos en una adicción somos más proclives a padecerla. Sé que hay estudios que demuestran que hay una predisposición genética en el caso del alcoholismo, y la habrá, y sé que también depende de muchísimos otros factores pero aún así no puedo evitar sorprenderme cuando en cada una de estas historias se habla de un pasado similar.

Para mi es una actitud valiente el ser capaz de reconocerlo públicamente, creo que es el primer paso para dejarlo atrás. Creo que si no se asume una enfermedad no se puede luchar contra ella.

Vuelta a las andadas

Hace unos días le decía a un amigo que mi madre llevaba ya un mes y pico sin beber, se lo contaba entre medio sorprendida y medio preocupada ya que hacía bastante que no aguantaba tanto tiempo seguido. Pues si antes lo digo, antes ocurre, ha vuelto a beber. Si, llevaba un mes y pico sin probar gota de alcohol pero ha vuelto a las andadas. Todavía no está bebiendo mucho, pero os aseguro, y las personas que pasen por algo similar sabrán de que estoy hablando, que quienes convivimos con personas con esta enfermedad sabemos con exactitud cuándo se ha tomado una única cerveza.

¿Sabéis que es lo peor de todo esto? Que cuanto más tarda en volver ha hacerlo más estabilizadas estaban las cosas y más ostia contra el suelo nos llevamos cuando vuelve. Debería estar ya acostumbrada, lo sé, pero siempre tienes esa pequeñita esperanza de que esta vez va a ser la última, aunque en el fondo siempre sabes que no es verdad.

Ahora toca volver a armarse de valor, volver a tener muchísima paciencia y  volver a intentar cubrir lo que ella día a día va a ir dejando.

Bla bla bla…

Ando algo desaparecida, lo sé. No subía una entrada desde hace casi un par de semanas y ya tocaba. La verdad es que estos días no he desaparecido del todo pues me he dedicado a trastear en el blog, digo trastear por que aparte de cambiarle el formato también me lo cargue entero…  Si, menos mal que dentro de mi cabecita loca aún queda alguna neurona que me hizo hacer antes una copia de seguridad y evito que perdiera las entradas que tengo ya escritas.

Si no he escrito nada antes es por que mis ganas deben estar de vacaciones, llevo algunos días algo tontorrona y ahora mismo me cuesta una barbaridad pararme a hacer casi cualquier cosa. Es de esos momentos en que desearía poder no pensar en nada y encerrarme en una burbuja donde nadie pudiese molestarme. Por suerte, hace ya algún tiempo aprendí que cuando sentimos que las cosas nos ahogan desaparecer alguna vez es necesario pero hacerlo cada vez que nos sintamos hasta arriba es contraproducente, hay veces que cuanto más te encierres en ti mismo más dolor de cabeza acabas teniendo así que esta vez mi cuerpo pedía hacer todo lo contrario, no parar.

Sinceramente no estoy teniendo ningún problema que pueda decir que sea serio pero tengo tantas pequeñas cosas en la cabeza que al final acabo por no tener ninguna, y por lo tanto, no avanzar  (aiii odio estos días y me odio a mi en ellos).

Espero que esta semana mi cabeza me de una tregua, relajarme y disfrutar, que al final lo peor de estos días es no disfrutar de ellos.

 

 

15 días sin beber…

15

Como ya dije en una entrada anterior creo que una de las principales cosas que caracteriza a las personas que padecen o tienen cerca la enfermedad del alcohol es la continua sensación de vivir en una noria, siempre dando vueltas y vueltas… En esa misma entrada decía que habíamos vuelto a los días de los gritos sin sentidos, de pasar del sofá a la cama, de faltar a las citas del médico,etcétera. Si hace quince días estábamos en la parte baja de la noria, casi rozando el suelo, en la actualidad nos encontramos en uno de los puntos altos, lleva dos semanas sin beber.

Calendario

Me alegra muchísimo ver como se esfuerza día a día por no probar una gota de alcohol pero siendo sincera la situación es bastante descolocante.  Su día a día cambia por completo, y por lo tanto también el de las personas que la rodeamos. Sé que puedo sonar algo egoísta diciendo esto, pero cansa, la situación cansa y mucho. La verdad es que intento buscar las palabras con que poder explicarlo pero me cuesta, es algo complicado plasmar por escrito lo que se siente cada vez que hay un punto de inflexión, para bien o para mal, en su enfermedad. Cada uno de estos puntos supone un cambio en mí y en mi día a día.

Cuando era más pequeña estos cambios se notaban a leguas, la gente que me rodeaba podía fácilmente adivinar si mi madre estaba o no bebiendo teniéndome cerca apenas unos minutos. Gracias a la madurez (¡bendita madurez!) y a mi psicóloga  (si, estuve visitando a una psicóloga cerca de dos años, pero este es un tema que tocaré más adelante), conseguí que estos cambios en mí y en la forma de comportarme no fueran tan drásticos. Hoy en día creo que puedo decir que se llevarlo, no me cambia tanto el carácter y soy capaz de no aislarme en una burbuja cada vez que mi madre recae, pero aún así hay días en que todo se me amontona y paso a convertirme en la misma niña de hace unos años. Siempre he creído que la rutina mata, pero ahora creo que es necesaria. Ojalá sea la última vez que hablo de esto, ojalá mi madre esta vez si fuera fuerte de verdad y lograra alejarse aún más del pozo que la persigue, ojalá…

¡Tarde en el zoo!

Oso en el zoo

Ayer fue la última salida de este curso con los niños con los que hago voluntariado, y nada mejor para decirnos adiós que pasar el día entero con ellos en el zoo 🙂

Fue un día maravilloso y muy gratificante, bueno la verdad es que siempre lo es. No sabéis lo que se siente al ver a veinte pequeñines (y no tan pequeñines) disfrutar como niños de verdad viendo a todos los animalitos y pasando un día fuera de la rutina de los centros, las visitas, las reuniones con los psicólogos y trabajadores sociales, y un largo etcétera que compone el día a día de estos niños.

Cabras en el zoo

Cuando, allá por el 2009, decidí comenzar el voluntariado no sabía en donde me estaba metiendo. Al principio pasé una época rara en que salía de estar con ellos con una sensación algo amarga que me impedía poder disfrutar al cien por cien de cada tarde con ellos, sobre todo cuando preguntaban con tristeza si ya era hora de volver a la resi. Con el paso del tiempo he ido dejando ese sentimiento aparcado y he pasado a disfrutar como una enana más de cada ratito con ellos.

Ellos aprenderán algo de mí pero lo que sí que tengo claro es que yo aprendo muchísimo de ellos.  No me gusta mucho esta forma de decirlo, pero la mayoría son casi adultos en un cuerpo pequeño, las circunstancias les hacen crecer de manera brutal y alguna vez dicen cosas que hacen que se me pongan los pelos de gallina.

Niños mirando los osos en el zoo

Sé que muchos tenían y tienen en casa situaciones similares a las que he tenido y tengo yo, pero yo he sido una privilegiada. Pese a las circunstancias nunca me ha faltado de nada, al menos materialmente hablando, y siempre, aunque alguna vez no lo viera así, he tenido una familia, bueno todos ellos también las tienen pero no pueden estar con ellas. Mi objetivo al empezar el voluntariado era ayudar a que esos niños se olvidaran por una tarde de todo lo que les rodea y se dedicasen solo a sonreír y a disfrutar. El objetivo sigue siendo el mismo pero ahora sé que yo también disfruto y sonrio aunque me llamen Casper, aunque se tiren encima mía, o aunque no paren de cantarme canciones de reggaeton 😀

Al principio de la entrada he cometido un error garrafal, y es que no es un adiós, es un ¡hasta pronto!

 

Oso en el zoo

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