Bla bla bla…

Ando algo desaparecida, lo sé. No subía una entrada desde hace casi un par de semanas y ya tocaba. La verdad es que estos días no he desaparecido del todo pues me he dedicado a trastear en el blog, digo trastear por que aparte de cambiarle el formato también me lo cargue entero…  Si, menos mal que dentro de mi cabecita loca aún queda alguna neurona que me hizo hacer antes una copia de seguridad y evito que perdiera las entradas que tengo ya escritas.

Si no he escrito nada antes es por que mis ganas deben estar de vacaciones, llevo algunos días algo tontorrona y ahora mismo me cuesta una barbaridad pararme a hacer casi cualquier cosa. Es de esos momentos en que desearía poder no pensar en nada y encerrarme en una burbuja donde nadie pudiese molestarme. Por suerte, hace ya algún tiempo aprendí que cuando sentimos que las cosas nos ahogan desaparecer alguna vez es necesario pero hacerlo cada vez que nos sintamos hasta arriba es contraproducente, hay veces que cuanto más te encierres en ti mismo más dolor de cabeza acabas teniendo así que esta vez mi cuerpo pedía hacer todo lo contrario, no parar.

Sinceramente no estoy teniendo ningún problema que pueda decir que sea serio pero tengo tantas pequeñas cosas en la cabeza que al final acabo por no tener ninguna, y por lo tanto, no avanzar  (aiii odio estos días y me odio a mi en ellos).

Espero que esta semana mi cabeza me de una tregua, relajarme y disfrutar, que al final lo peor de estos días es no disfrutar de ellos.

 

 

15 días sin beber…

15

Como ya dije en una entrada anterior creo que una de las principales cosas que caracteriza a las personas que padecen o tienen cerca la enfermedad del alcohol es la continua sensación de vivir en una noria, siempre dando vueltas y vueltas… En esa misma entrada decía que habíamos vuelto a los días de los gritos sin sentidos, de pasar del sofá a la cama, de faltar a las citas del médico,etcétera. Si hace quince días estábamos en la parte baja de la noria, casi rozando el suelo, en la actualidad nos encontramos en uno de los puntos altos, lleva dos semanas sin beber.

Calendario

Me alegra muchísimo ver como se esfuerza día a día por no probar una gota de alcohol pero siendo sincera la situación es bastante descolocante.  Su día a día cambia por completo, y por lo tanto también el de las personas que la rodeamos. Sé que puedo sonar algo egoísta diciendo esto, pero cansa, la situación cansa y mucho. La verdad es que intento buscar las palabras con que poder explicarlo pero me cuesta, es algo complicado plasmar por escrito lo que se siente cada vez que hay un punto de inflexión, para bien o para mal, en su enfermedad. Cada uno de estos puntos supone un cambio en mí y en mi día a día.

Cuando era más pequeña estos cambios se notaban a leguas, la gente que me rodeaba podía fácilmente adivinar si mi madre estaba o no bebiendo teniéndome cerca apenas unos minutos. Gracias a la madurez (¡bendita madurez!) y a mi psicóloga  (si, estuve visitando a una psicóloga cerca de dos años, pero este es un tema que tocaré más adelante), conseguí que estos cambios en mí y en la forma de comportarme no fueran tan drásticos. Hoy en día creo que puedo decir que se llevarlo, no me cambia tanto el carácter y soy capaz de no aislarme en una burbuja cada vez que mi madre recae, pero aún así hay días en que todo se me amontona y paso a convertirme en la misma niña de hace unos años. Siempre he creído que la rutina mata, pero ahora creo que es necesaria. Ojalá sea la última vez que hablo de esto, ojalá mi madre esta vez si fuera fuerte de verdad y lograra alejarse aún más del pozo que la persigue, ojalá…

¡Tarde en el zoo!

Oso en el zoo

Ayer fue la última salida de este curso con los niños con los que hago voluntariado, y nada mejor para decirnos adiós que pasar el día entero con ellos en el zoo 🙂

Fue un día maravilloso y muy gratificante, bueno la verdad es que siempre lo es. No sabéis lo que se siente al ver a veinte pequeñines (y no tan pequeñines) disfrutar como niños de verdad viendo a todos los animalitos y pasando un día fuera de la rutina de los centros, las visitas, las reuniones con los psicólogos y trabajadores sociales, y un largo etcétera que compone el día a día de estos niños.

Cabras en el zoo

Cuando, allá por el 2009, decidí comenzar el voluntariado no sabía en donde me estaba metiendo. Al principio pasé una época rara en que salía de estar con ellos con una sensación algo amarga que me impedía poder disfrutar al cien por cien de cada tarde con ellos, sobre todo cuando preguntaban con tristeza si ya era hora de volver a la resi. Con el paso del tiempo he ido dejando ese sentimiento aparcado y he pasado a disfrutar como una enana más de cada ratito con ellos.

Ellos aprenderán algo de mí pero lo que sí que tengo claro es que yo aprendo muchísimo de ellos.  No me gusta mucho esta forma de decirlo, pero la mayoría son casi adultos en un cuerpo pequeño, las circunstancias les hacen crecer de manera brutal y alguna vez dicen cosas que hacen que se me pongan los pelos de gallina.

Niños mirando los osos en el zoo

Sé que muchos tenían y tienen en casa situaciones similares a las que he tenido y tengo yo, pero yo he sido una privilegiada. Pese a las circunstancias nunca me ha faltado de nada, al menos materialmente hablando, y siempre, aunque alguna vez no lo viera así, he tenido una familia, bueno todos ellos también las tienen pero no pueden estar con ellas. Mi objetivo al empezar el voluntariado era ayudar a que esos niños se olvidaran por una tarde de todo lo que les rodea y se dedicasen solo a sonreír y a disfrutar. El objetivo sigue siendo el mismo pero ahora sé que yo también disfruto y sonrio aunque me llamen Casper, aunque se tiren encima mía, o aunque no paren de cantarme canciones de reggaeton 😀

Al principio de la entrada he cometido un error garrafal, y es que no es un adiós, es un ¡hasta pronto!

 

Oso en el zoo

“A veces me pregunto porque tengo tanta mala suerte”

"A veces me preguntó por que tengo tanta mala suerte"

 

Este es un pequeñito fragmento de uno de los diarios que escribía cuando era pequeña.  La verdad es que escribir siempre me ha ayudado a desahogarme pero es una sensación algo agridulce el momento en que decido abrir el baúl de los recuerdos y pararme a releerlos.  Sobrevivieron al incendio tres cuadernos y la verdad es que los guardo con cariño, pero es inevitable abrirlos y no acordarme de tantas cosas que me gustaría poder olvidar, aún así soy incapaz de deshacerme de ellos, es mi pasado y mi historia y creo que no pasa nada porque este escrita cuando va a estar siempre en mi cabeza.

Volviendo a mirar por encima alguna de las cosas que escribía me resulta algo curioso la cantidad de veces en que menciono a la mala suerte, recuerdo que era una sensación muy típica en mí en esos tiempos. Antes creía en la mala suerte y tenía la sensación de que con ella me estaba tocando la lotería. Creo que todo esto, aparte de debido a la edad, también se originaba al no saber nada de la enfermedad, me limitaba a pensar en que había algo que me tenía manía y no paraba de ponerme las cosas difíciles.

La verdad es que a día de hoy no creo ni en la buena ni en la mala suerte, creo que la “buena suerte” es algo que debemos buscarnos y hacer que ocurra. Es verdad que quizá la vida no nos ponga siempre las cosas en bandeja pero no hay que pensar que nos ocurren cosas malas debido a que tenemos mala suerte, creo que el creer así nos hace no hacer nada y darnos por vencidos desde el primer momento. Las cosas ocurren por que ocurren y cueste lo que cueste hay que enfrentarse a ellas, o al menos intentarlo.

 

“Todo lo que no acaba conmigo me hace más fuerte”

Sin título-2Si hay algo que creo que caracteriza a las personas que sufren o conviven con la enfermedad del alcohol es la sensación continua de vivir en una noria, unas veces abajo y otras tantas arriba. Creo que es algo inevitable, cuando la persona que tienes cerca se mantiene sobria la sensación es de estar viviendo un nuevo día, despertarte tranquilo y con más ganas que nunca de comerte el mundo. Es verdad que siempre existe esa antenita que nos hace estar en estado de alerta, pero con el paso de los días va empequeñeciendose para pasar a creer que es algo del pasado. Pero no, parece que el pasado siempre renace y con fuerza.

No sabría decir cuantas veces en mi vida he pasado por estos momentos, lo único que sé es que han sido bastantes más de las que me gustaría. Por desgracia aún sido viajando en esa noria, es verdad que después de todo ya no me lo tomo tan mal como hace unos años, pero aún así son puntos de inflexión algo complicados.

En la actualidad nos encontramos en uno de esos puntos bajos, muy bajos. Ha vuelto a beber, ha vuelto a no ir al médico y a pasarse los días metida en la cama. Después de tanto tiempo aún me siguen flaqueando las fuerzas cuando volvemos a empezar, hay días en que me tiraría de los pelos y gritaría hasta quedarme afónica, pero hay que ser fuerte y demostrar que aún se sigue confiando. Lo más importante es no perder los nervios y no caer en las trampas que pone esta enfermedad, aunque parezca mentira es difícil pero no imposible.

Hay una frase de Nietzsche que me viene a la mente pensando en todo esto: “Todo lo que no acaba conmigo me hace más fuerte“, y claro esta que esto no va a acabar conmigo así que solo queda la opción de hacerse más fuerte.

 

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