Últimamente estoy teniendo demasiado contacto con mi pasado. Supongo que el ser más mayor implica mayor pasado, y por lo tanto mayor probabilidad de que este aparezca a la vuelta de la esquina en el momento en que menos me lo espere.


Mi primer contacto con el pasado fue el día que incineramos a mi tío. Como os conté en la última entrada, ese día hubo algo que me hizo volver a sentirme de nuevo muy muy pequeñita. Por un momento volví a tener siete años, y volví a sentirme como se sentía esa niña tímida y con flequillo que siempre llevaba uno de los lados de la cazadora caído del hombro.

Desde que nacimos hasta los 8 o 9 años, voy a hablar en plural porque estoy segura de que mi hermana también lo siente así, hubo una persona en nuestras vidas que era como nuestra segunda madre. Ella era la mejor amiga de mi madre desde pequeñas, además vivían al lado así que eran uña y carne. Siempre estábamos en su casa o ella en la nuestra o en la de nuestros abuelos. La veiamos, a ella y a su familia, casi todos los días.

Cuando mis padres se divorciaron esa relación se estrecho aún más y no había fin de semana que no viniese a casa, o nos llevase al cine con mi madre, o nos fuésemos las cuatro de vacaciones… La verdad es que ella estuvo más ahí que mi padre, sobretodo después del divorcio, aunque bueno no nos vamos a engañar, antes también.

Mi hermana y yo la adorábamos. A ella y a toda su familia. Mi hermana estaba todo el día con ella. Recuerdo que siempre decían que cuando mi hermana fuese mayor se iban a ir a vivir juntas. Por lo visto, el primer regalo del día del Padre que hicimos en el cole, se lo regaló a ella.

Cuando mi madre empezó con su actual pareja todo esto desapareció. Ya os he contado varias veces que su actual pareja era como ella, lo que hizo que mi madre se fuese metiendo en un circulo con él y se alejase de su amiga. No lo recuerdo muy bien pero sé que sentí rabia porque desapareciese. En ese momento aún no era consciente de la situación que había en casa así que creí que era ella quien había decidido alejarnos de su vida.

Rio Ebro Logroño

 

Todo lo que he sabido de ella durante todos estos años ha sido porque mi madre la escribía, que lo debió hacer un par de veces, o porque mi madre se encontraba con sus padres y le contaban que tal.

Tras fallecer mi tío y sabiendo que mi madre no lo haría, creí que ella y su familia debían saber lo que había pasado, así que me hice con su móvil y la escribí. No sé como pero de repente pasamos a hablar de todo. Ella sabía que mi madre era alcohólica pero no se imaginaba que todo fuese como ha sido desde entonces. Me encantó verla, y me encanto volver a sentirme una niña. Fue como si nunca hubiese pasado el tiempo. 

Nos contó muchísimas cosas, quizá más de las que quería saber pero bueno, a ella toda la situación actual la vino de sopetón así que quizá necesitaba buscarle el porqué. Da igual, me gusto verla y espero que sepamos y que ella también quiera mantener ese contacto porque me encantaría seguir sabiendo de ellos. Forman parte de una pasado que recuerdo de manera muy dulce, y me hace sonreír.

 

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