Como ya contaba en mi presentación soy trabajadora social y mediadora, pero la situación actual en donde cada vez hay mayores recortes en lo social hace algo difícil que pueda ejercer para lo que realmente me gusta y tengo vocación. Con deciros que en casi dos años no he tenido la oportunidad de hacer ni una entrevista creo que lo digo todo. A pesar de que las cosas están difíciles en todas partes, hace un año y pico comencé a trabajar de dependienta en una tienda dedicada a la venta de té, café y artículos relacionados con el tema. No es el trabajo de mi vida pero la verdad es que no me puedo quejar. La tienda es pequeñita, acogedora, y esta ubicada en una calle conocida del centro de Madrid.
Hasta entonces no había trabajado nunca de dependienta, si de trabajadora social y de mediadora los meses que duraron mis prácticas, de niñera, de profesora particular y hasta he hecho mis pinitos en el mundo de la hostelería trabajando en un bar durante los meses de verano pero nunca antes me había puesto detrás de un mostrador.
Como ya he dicho la tienda no es muy grande por lo que allí solo trabajamos dos personas (se podría decir que tres, o en los últimos meses incluso que cuatro 🙂 ) pero en el día a día somos dos, mi jefe (de ahora en adelante me voy a referir a él como Jefe) y yo.
Los que trabajen de cara al publico ya sabrán de que hablo, para los que no creerme que es todo un reto. Te obliga a no tener días malos o al menos aparentar que no los tienes, a sonreír y ser amable ante casi todo tipo de situaciones,y a tener mucha pero que mucha paciencia. Pero como todo también tiene sus buenos momentos, algunos incluso algo surrealistas y que te hacen acabar escribiendo en tu blog sobre ellos.

Clientes que te cuentan lo bien que les funciona el intestino (dicho de manera fina), clientas que tras indagar si tienes o no pareja quieren que anote el teléfono de su nieto para que no se me pase el arroz, clientes pesados no sino lo siguiente que te dan magdalenas para merendar, o por ejemplo clientes que le piden a Jefe que me de vacaciones por que sufre al verme tan blanquita. Contado de manera resumida no parecen tener tanta gracia pero creerme que alguna de estas cosas nos han amenizado más de un día de trabajo.

Con esta entrada dejo inaugurada la nueva etiqueta “Diario de una dependienta”. Por que aparte de ser hija de una persona alcohólica también soy una chica normal de veintitantos años.

2 Comments on Diario de una dependienta: Prólogo

  1. Un dependiente tiene mucho de trabajador social. Date cuenta que para algunas personas, los dependientes son las únicas personas que les escuchan y prestan atención. Cuando vuelven a casa igual se sumergen en la más absoluta soledad.
    ¿estaba buena la magdalena?

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