Cuando tenía aproximadamente 18 años mi vida pareció hacer “boom”, quizá exagere pero creerme que para mi fue así. Todo en lo que creía, todo lo que había construido durante años pareció romperse en mil pedacitos en un abrir y cerrar de ojos. Fueron momentos extraños, sentía que no encajaba en ningún lugar y me sentía juzgada por todas partes. Recuerdo que sentía mucha rabia, de repente todo el mundo parecía sentirse con libertad absoluta para opinar sobre temas que conocían y que hasta entonces nunca habían nombrado. Supongo que en mi forma de vivir la situación también influyo la edad, tenía 18 años, y no sé puede pedir a alguien de 18 años que actué de manera adulta y no sienta que pierde la cabeza ante todo lo que ocurrió.

La verdad es que no recuerdo muy bien cuando tiempo me duro todos estos sentimientos pero si recuerdo cuando comencé a salir de ellos. Por iniciativa de un familiar acudí a Servicios Sociales buscando ayuda. Es verdad que en un primer momento no me hacía mucha gracia la idea pero me deje llevar, si yo misma no estaba consiguiendo sentirme mejor quizá alguien si me ayudase a conseguirlo.

Así es como conocí a la que ahora va a pasar a llamarse María. María es psicóloga especializada en terapia familiar que trabaja para la Comunidad de Madrid. El primer día que la conocí fue algo duro, hasta entonces me costaba muchísimo sinceramente con la gente, creo que solo lo había hecho con dos o tres personas, así que  imaginaos tener que hacerlo delante de una a la que no conoces de nada. Llegué, me senté y comenzamos a hablar. Si soy sincera creo que esos cuarenta y cinco minutos fueron unos de los más largos de toda mi vida. Esa primera sesión consistió en que ella preguntaba y yo respondía, no me sentía muy cómoda contándole como era mi vida a una completa desconocida.

Después de la primera sesión llego la segunda, y la tercera y luego la cuarta…, y al final acabe cogiendo confianza en ella. La verdad es que cada día que iba a verla salía totalmente destrozada, supongo que es lo que tiene remover en tu pasado y confesar tu presente pero poco a poco fui saliendo de allí sintiéndome mejor.

Estuve yendo a verla dos años, no fueron muy fáciles. Recuerdo que al año pensaba darme el alta pero mi vida tuvo otro enorme punto de inflexión, bueno se pueden decir que dos en muy poco tiempo, por lo que casi volvimos a empezar y estuve viéndola un año más. La verdad es que antes era anti psicólogos, creía que era una comedura de coco y que no servía para nada pero después de estar dos años acudiendo a uno puedo aseguraros que ir a verla ha sido una de las mejores decisiones que he tomado en mi vida. Me ayudo a ver las cosas desde otra perspectiva y a enfrentarme a los problemas con mayor madurez.

El ultimo día que la vi me dijo que ojala no volviera a verme y sinceramente que así sea, pero si vuelvo a sentir que mi vida se desmorona y no me veo capaz de coger al toro por los cuernos sé que volvería a pedir ayuda. Creo que la ayuda de un tercero objetivo en situaciones así es más que recomendable para no acabar perdiendo la cabeza.

3 Comments on Cuando decidí pedir ayuda psicológica

  1. La verdad es que en este pais somos un poco cerrados de mollera en esto de ir al psicólogo… En EEUU es lo más normal del mundo y estoy totalmente de acuerdo en que la opinión objetiva de un tercero te hace ver las cosas desde otra perspectiva y salir del círculo vicioso…. Besos!

  2. Buena profesional María si te dio herramientas para sentirte mejor.
    Pero una cosa es darlas y otras saberlas usar.
    Todos necesitamos un psicologo en nuestra vida y el que piense que es para locos es que le falta mundo y se está perdiendo muchas cosas por ser tan cerrado de mente.

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  1. […] Uno de los comportamiento más comunes en niños cuya madre o padre tiene algún tipo de enfermedad, es el llegar a plantearse en algún momento la posibilidad de que ellos mismos pudieran ser los culpables de ella o de todo lo que origina. Lo de afirmar que es uno de los comportamiento más comunes no es que me lo haya sacado de la manga o que este generalizando un comportamiento que tenía yo, sino que me hablo de ello María, mi psicóloga. […]

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