Ya os conté en la primera entrada sobre el tema que mi madre cuando bebe se pone agresiva. Como ya os dije, esta agresividad es principalmente verbal pero también ha habido momentos de agresividad física.

Cuando mi madre bebe pierde completamente las formas. En estado sobrio mi madre es una persona tímida, con un autoestima por los suelos y que busca no llamar la atención, cuando bebe pasa a ser todo lo contrario y pierde completamente las formas. Ya os conté que su agresividad era principalmente verbal, no para de insultar, busca enfrentarse continuamente a alguien, usa cualquier cosa que sepa para hacer daño y etcétera, etcétera. Ahora ya no por que estoy acostumbrada pero recuerdo que cuando era más pequeña y empezaba a ser consciente de que mi madre tenía una enfermedad, me impresionaba el cambio que sufría mi madre en el gesto, en la forma de mirar, en las palabras… Creedme que cuando os hablo de “monstruo” es por que desde siempre lo he sentido así. ¿Sabéis las típicas películas de personas que parecen normales pero que con la luna llena se convierten en lobos? pues siempre he sentido que el cambio que sufre mi madre cuando bebe es igual.

A día de hoy la agresividad verbal continua siempre que bebe pero hace unos años además de verbal también era física. Esta ocurría sobre todo con su pareja, principalmente cuando él también consumía alcohol de manera habitual. Imaginaos, se juntan el hambre con las ganas de comer y aquello acaba explotando. Pasaban de los gritos a las manos y/o a romper cosas, la mayoría de veces teníamos que ser mi hermana o yo las que les teníamos que separar.

Angry tigress por Tambako the Jaguar, en Flickr
Angry tigress por Tambako the Jaguar, en Flickr

Alguna vez también esa agresividad se dirigía hacia nosotras. Si no la hacías caso o entrabas a trapo, se enfrentaba hasta ponerse delante de una y acababa cogiéndola de los pelos o pegándola en la cara. Odiaba esos momentos, podía aguantar tranquila hasta que me ponía la mano encima pero en esos momentos me ponía furiosa, muy furiosa. No soportaba que me pusiera la mano encima estando así, la mayoría de veces era por cosas sin sentido, cosas que solo estaban en su cabeza. Como supongo que ya os imagináis… si, algunas veces respondíamos de la misma manera. Nunca he estado orgullosa de haber llegado a las manos con mi madre, pero hay veces en que las situaciones se ponen tan difíciles que se acaba perdiendo la cabeza. En la mayoría de los casos solo la sujetábamos fuerte de los brazos para que no nos tocara, pero también hubo veces en que nos salía el monstruo que todos llevamos dentro.

Una de las cosas que más recuerdo es los enfrentamientos por cerrar la puerta. Cuando mi madre bebe y esta así, hace cualquier cosa por que la escuches. Si subes la televisión o la radio, ella sube el tono de voz; si te cambias de habitación por no escucharla, ella va detrás para seguir insultándote o echándote las cosas en cara; y si te metes en la habitación y cierras la puerta, ella va detrás a abrirla diciéndote que en su casa no se cierran las puertas. Cuando ocurría todo lo que os estoy contando, la única manera que tenía de mantener la cordura era, o saliendo de casa un rato, cosa que me costaba ya que normalmente al enfrentarme con ella rompía a llorar y acababa teniendo cara sapo, o bien, encerrándome en la habitación para leer, escuchar música o simplemente no hacer nada. Cuando me decantaba por la segunda opción era meterme en la habitación y cerrar la puerta, y aparecía mi madre pegando gritos diciendo que la dejará abierta. No lo soportaba, no entendía por que tenía esa ganas de seguir discutiendo. Cuando ella abría la puerta recuerdo que me acercaba corriendo y la empujaba con todas mis ganas para cerrarla. Acabábamos una empujando por un lado para abrirla, y la otra empujando por el otro para cerrarla…

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