Sin título-2Si hay algo que creo que caracteriza a las personas que sufren o conviven con la enfermedad del alcohol es la sensación continua de vivir en una noria, unas veces abajo y otras tantas arriba. Creo que es algo inevitable, cuando la persona que tienes cerca se mantiene sobria la sensación es de estar viviendo un nuevo día, despertarte tranquilo y con más ganas que nunca de comerte el mundo. Es verdad que siempre existe esa antenita que nos hace estar en estado de alerta, pero con el paso de los días va empequeñeciendose para pasar a creer que es algo del pasado. Pero no, parece que el pasado siempre renace y con fuerza.

No sabría decir cuantas veces en mi vida he pasado por estos momentos, lo único que sé es que han sido bastantes más de las que me gustaría. Por desgracia aún sido viajando en esa noria, es verdad que después de todo ya no me lo tomo tan mal como hace unos años, pero aún así son puntos de inflexión algo complicados.

En la actualidad nos encontramos en uno de esos puntos bajos, muy bajos. Ha vuelto a beber, ha vuelto a no ir al médico y a pasarse los días metida en la cama. Después de tanto tiempo aún me siguen flaqueando las fuerzas cuando volvemos a empezar, hay días en que me tiraría de los pelos y gritaría hasta quedarme afónica, pero hay que ser fuerte y demostrar que aún se sigue confiando. Lo más importante es no perder los nervios y no caer en las trampas que pone esta enfermedad, aunque parezca mentira es difícil pero no imposible.

Hay una frase de Nietzsche que me viene a la mente pensando en todo esto: “Todo lo que no acaba conmigo me hace más fuerte“, y claro esta que esto no va a acabar conmigo así que solo queda la opción de hacerse más fuerte.

 

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