Como ya dije en una entrada anterior creo que una de las principales cosas que caracteriza a las personas que padecen o tienen cerca la enfermedad del alcohol es la continua sensación de vivir en una noria, siempre dando vueltas y vueltas… En esa misma entrada decía que habíamos vuelto a los días de los gritos sin sentidos, de pasar del sofá a la cama, de faltar a las citas del médico,etcétera. Si hace quince días estábamos en la parte baja de la noria, casi rozando el suelo, en la actualidad nos encontramos en uno de los puntos altos, lleva dos semanas sin beber.

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Me alegra muchísimo ver como se esfuerza día a día por no probar una gota de alcohol pero siendo sincera la situación es bastante descolocante.  Su día a día cambia por completo, y por lo tanto también el de las personas que la rodeamos. Sé que puedo sonar algo egoísta diciendo esto, pero cansa, la situación cansa y mucho. La verdad es que intento buscar las palabras con que poder explicarlo pero me cuesta, es algo complicado plasmar por escrito lo que se siente cada vez que hay un punto de inflexión, para bien o para mal, en su enfermedad. Cada uno de estos puntos supone un cambio en mí y en mi día a día.

Cuando era más pequeña estos cambios se notaban a leguas, la gente que me rodeaba podía fácilmente adivinar si mi madre estaba o no bebiendo teniéndome cerca apenas unos minutos. Gracias a la madurez (¡bendita madurez!) y a mi psicóloga  (si, estuve visitando a una psicóloga cerca de dos años, pero este es un tema que tocaré más adelante), conseguí que estos cambios en mí y en la forma de comportarme no fueran tan drásticos. Hoy en día creo que puedo decir que se llevarlo, no me cambia tanto el carácter y soy capaz de no aislarme en una burbuja cada vez que mi madre recae, pero aún así hay días en que todo se me amontona y paso a convertirme en la misma niña de hace unos años. Siempre he creído que la rutina mata, pero ahora creo que es necesaria. Ojalá sea la última vez que hablo de esto, ojalá mi madre esta vez si fuera fuerte de verdad y lograra alejarse aún más del pozo que la persigue, ojalá…

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